ISSN electrónico: 2007-8951
Volumen 49/ Número 194, julio-septiembre 2018

 

Bajar PDF

Editorial

revista

Este número está dedicado a la memoria de Aníbal Quijano (1928-2018), intelectual, humanista y latinoamericano excepcional, quien fuera miembro de la Comisión Consultiva de la revista Problemas del Desarrollo.

La reciente imposición de aranceles a México, a Canadá y a la Unión Europea, por parte de Estados Unidos, es digna de comentarse por varios aspectos. Primero, es un indicativo de que las condiciones sobre las que opera la economía global han cambiado, y que lo han hecho por fuerzas no necesariamente económicas. La decisión, como es bien sabido, por parte del presidente Donald Trump ha sido meramente política. La del resto de las economías ha sido llanamente una respuesta en el sentido de la ley del talión. Como consecuencia la guerra comercial se profundiza, ya que los aranceles impuestos se suman a la manipulación cambiara iniciada meses atrás.

Ante este escenario, es difícil augurar si habrá un retorno a la globalización pre-Trump. Debemos recordar, que la globalización actual tardó alrededor de 70 años en arribar (entre los años de 1914 y 1985, las economías se mantuvieron relativamente cerradas al comercio y al capital). Esto nos lleva al segundo comentario. Con la llegada del proteccionismo (aunque incipiente), la apuesta de las economías por la globalización como medio para alcanzar la prosperidad no se vaticina ya como una opción sólida. Es decir, si acaso en verdad la globalización se planteaba como el mecanismo último (y único) para alcanzar el máximo bienestar de los ciudadanos, el rompimiento de dicho marco operativo desvanece tal opción. Empero, el que la economía más poderosa del mundo haya roto con la globalización no es un acto que deba trivializarse. En este contexto, es relevante preguntarse qué opciones tienen las economías en desarrollo para alcanzar el anhelado bienestar para la mayor parte de la población y no sólo para unos cuantos.

Responder a esta pregunta nos lleva a un tercer comentario. Porque, por un lado, se puede seguir empecinado en la visión de que la globalización es el medio y el fin para alcanzar la prosperidad. De ser así, la diversificación comercial con otras economías que también abracen la total apertura económica sería la única opción. Esta alternativa augura, sin embargo, resultados magros. Si el comercio con el principal mercado del mundo no logró la prosperidad generalizada, por qué sí habría de ocurrir comerciando libremente con otras economías. Es decir, si la globalización en más de tres décadas no ha redituado en bienestar para la mayor parte de las sociedades, debería ser claro a estas alturas que ese no es necesariamente el camino a seguir. El libre comercio no es, en otras palabras, un sistema donde todos ganan.

En su momento, Keynes se refirió al libre comercio como una alternativa de política que solucionaba los problemas domésticos empeorando los del vecino. Sugería entonces buscar internamente la solución a dichos problemas, dejando al libre comercio como una opción ulterior. La coyuntura actual, ofrece a los hacedores de política una opción y una oportunidad tal vez única en ese sentido. Es decir, buscar solucionar los problemas del lento crecimiento como el elevado desempleo y la pobreza y la persistente desigualdad del ingreso dentro del mercado doméstico. Esto requiere, entre otras cosas, recuperar las políticas fiscal, monetaria, cambiaria y comercial, orientándolas en la búsqueda de tales objetivos. Este ha sido, después de todo, el camino en que las economías desarrolladas resolvieron esos y otros problemas. El statu quo económico, en suma, ha cambiado, y es momento de que las economías en desarrollo hagan lo mismo.

 

Moritz Cruz
La Dirección de la Revista
Ciudad Universitaria, junio 2018

  

  Arriba     Inicio